Cuento: Trances, Woody Allen

De un tiempo para acá he comenzado a lee a Woody Allen, si no lo han leído, les dejo  continuación una muestra de su trabajo.
Sir Hugh Swiggles, el escéptico, relata una interesante experiencia espiritista:
Nos hallamos en casa de Madame Reynaud, la conocida médium, quien ordena que nos sentemos todos alrededor de la mesa y cogidos de la mano. El señor Weeks no logra contener una risita, y Madame Reynaud le golpea en la cabeza con un tablero Ouija. Se apagan las luces, y Madame Reynaud intenta ponerse en contacto con el marido de la señora Marple, qué falleció en la opera al incendiársele la barba. Lo que sigue es la transcripción exacta:
Sra. Marple. – ¿Qué ve usted?
Médium. – Veo a un hombre de ojos azules y sombrero con un molino de papel.
Sra. Marple.-¡Ése es mi marido!
Médium. – Su nombre es… Robert. No… Richard…
Sra. Marple. -Es…Quincy.
Médium. – ¡Sí, eso es!
Sra. Marple. – ¿Qué más puede decirme?
Médium. – Es calvo, y acostumbra a ponerse hojas en la cabeza para que nadie se dé cuenta.
Sra. Marple. – ¡Sí! ¡Exacto!
Médium. – Por alguna razón, lleva algo… un solomillo de cerdo.
Sra. Marple. – ¡El regalo que le hice por su cumpleaños! ¿Puede hacer que hable?
Médium. – Habla, espíritu. Habla.
Quincy. – Claire, soy Quincy.
Sra. Marple. – ¡Oh, Quincy! ¡Quincy!
Quincy. – ¿Cuánto tiempo pones el pollo en el horno para que se haga bien?
Sra. Marple. – ¡Esa voz! ¡Es él!
Médium. – Que todos se concentren.
Sra. Marple. – Quincy, ¿qué tal te tratan?
Quincy. – No mal del todo, aunque tardan cuatro días en traerte la ropa limpia de la tintorería.
Sra. Marple. – Quincy, ¿me echas de menos?
Quincy. – ¿Eh? Oh, ejem, claro. Claro que sí, chica… Tengo que irme.
Médium. – Le estoy perdiendo. Se desvanece…
Considero que esta sesión satisface los tests más exigentes de credibilidad, con la pequeña excepción del fonógrafo descubierto bajo las faldas de Madame Reynaud.
No cabe duda de que algunos de los acontecimientos registrados en sesiones espiritistas son auténticos. ¿Quién no recuerda aquel famoso incidente en la residencia de Sybil Seretsky, cuando un pez de colores cantó «Tengo ritmo», una de las melodías favoritas de su sobrino recientemente fallecido? Pero tomar contacto con los muertos resulta difícil en el mejor de los casos, por cuanto la mayoría de los difuntos se muestra reacio a tomar la palabra, y los que se deciden a ello parece que tosen y carraspean antes de entrar en materia. El autor ha visto personalmente cómo una mesa se levantaba, y el Dr. Joshua Fleagle, de Harvard, presenció una sesión en la que una mesa no sólo se levantó sino que presentó disculpas y se fue a dormir.
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2 comentarios en “Cuento: Trances, Woody Allen

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