Memoria de mis putas tristes, Gabriel García Márquez

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Era inevitable seguir con los libros de García Márquez, normalmente no sigo un orden o fecha específica para leerlos, en esta ocasión tenía ganas de leer un libro pequeñito y este tiene más o menos 90 páginas así que esa fue la razón principal.

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Título: Memoria de mis putas tristes   Autor: Gabriel García Márquez   Editorial: DeBolsillo   Páginas: 98

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El túnel | Ernesto Sabato

«Había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida.»

Cuando al terminar una novela llegas a la conclusión de que empatizas con el asesino, hay algo en ti que sabe que estás ante una historia muy bien hecha, una novela que toma a un ser husabatomano, lo despoja de apariencias y lo expone en la naturaleza más ruin a la que puede llegar y concientizas sobre la verdad que expone en sus líneas. Una vez leí que los mejores libros son los que nos dicen las cosas que ya sabemos, que las reafirman desde otros ángulos ya sean ficción o no. Con el túnel de Sábato, uno se sumerge en una angustia y se hunde de a poco en un sin fin de lagunas mentales que parecen no terminar y que siguen horadando la memoria tal como una gota que cae incesantemente sobre la frente desprovista de protección.  Seguir leyendo

Poema | Deseo, Xavier Villaurrutia

Amarte con un fuego duro y frío.
Amarte sin palabras, sin pausas ni silencios.

Amarte sólo cada vez que quieras,
y sólo con la muda presencia de mis actos.

Amarte a flor de boca y mientras la mentira
no se distinga en ti de la ternura.

Amarte cuando finges toda la indiferencia
que tu abandono niega, que funde tu calor.

Amarte cada vez que tu piel y tu boca
busquen mi piel dormida y mi boca despierta.

Amarte por la soledad, si en ella me dejas.
Amarte por la ira en que mi razón enciendes.

Y, más que por el goce y el delirio,
amarte por la angustia y por la duda.

El guardagujas, Juan José Arreola

¡Buen día! Hoy les comparto un cuento de uno de los escritores pertenecientes a los posrevolucionados, en él nos encontramos a un protagonista innegable de este período, el ferrocarril y junto a una narración que raya en el realismo mágico, nos sumergimos en una atmósfera curiosa, disfrútenlo. Hasta pronto.

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Reseña| Cuentos de Eva Luna, Isabel Allende

Ficha



Título: Cuentos de Eva Luna   Autor: Isabel Allende   Género: Narrativa|Cuento   Páginas: 246   Editorial: Harper Collins | Colección rayo    Año de impresión: 1989   ISBN: 978-0-06-095131-3



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357ps9kUna niña solitaria se enamora del amante de su madre y practica misteriosas ceremonias rituales; una mujer permanece medio siglo encerrada en un sótano, víctima de un caudillo celoso; en el fragor de una batalla, un hombre viola a una muchacha y mata a su padre… Estas son algunas de las historias reunidas en este volumen que recupera, con pulso vibrante, los inolvidables protagonistas de la novela Eva Luna: Rolf Carlé, la Maestra Inés, el Benefactor… Veintitrés relatos de amor y violencia secretamente entrelazados por un fino hilo narrativo y un rico lenguaje que recrea azarosas peripecias en un mundo exuberante y voluptuoso.
  Con ternura e impecable factura literaria, Isabel Allende perfila el destino de sus personajes como parte indisoluble del destino colectivo de un continente marcado por el mestizaje, las injusticias sociales y la búsqueda de la propia identidad. Este logrado universo narrativo es el resultado de una lúcida conciencia histórica y social, así como de una propuesta estética que constituye una singular expresión del realismo mágico.

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Poema | La Luna, Jaime Sabines

♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥ ♥
La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir. Seguir leyendo

Reseña | Cuentos sobrenaturales, Carlos Fuentes

cuentos-sobrenaturales-carlos-fuentes-alfaguara-3645-MLM4472260292_062013-FDesde el inicio de su carrera literaria, el territorio del relato fantástico le es tan natural a Carlos Fuentes como respirar. Este volumen incluye los siguientes cuentos, originalmente publicados en los volúmenes Los días enmascarados y Cantar de ciegos: Tlactocatzine del jardín de Flandes, Por boca de los dioses, Letanía de la orquídea y La muñeca reina. Incluye además Aura, así como los relatos inéditos El robot sacramentado, Un fantasma tropical yPantera en jazz.

Ficha



Título: Cuentos sobrenaturales   Autor: Carlos Fuentes   Género: Narrativa|Cuento   Páginas: 184   Editorial: Alfaguara      Puntuación: 4/5 

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Los cuentos de Carlos Fuentes me han parecido muy bien escritos y bastante cómicos. De este autor solo había leído “Aura” (uno de sus relatos más conocidos). Su estilo de narración me pareció freso y fuera de convencionalismos; tengo entendido que a este volumen lo precede otro titulado: «Cuentos naturales» que me queda pendiente por revisar.

Bien, que nos vamos a encontrar entre sus páginas, tenemos relatos que trastocan temas poco usuales con un giro bastante divertido, por ejemplo, en su primer relato: «Chac Mool» nos encontramos con una deidad de características humanas que asombra por la temática y, sobre todo, el tratamiento del tema que resulta incluso chusco. Al leer estos cuentos se entrevé la gorma en que el autor incorporó su país de origen -México- en algunos relatos se escribe mucho sobre el pasado y los tiempos mejores que y han quedado muy atrás. Tiene toques nostálgicos, cómicos y sarcásticos que siempre son un acierto.

Si te gusta Carlos Fuentes, puedes intentar con: José Emilio Pacheco, Woody Allen y Mario Benedetti.

Reseña: Ojos de perro azul, Gabriel García Márquez

«Los grandes maestros latinoamericanos de quienquiera que pretenda escribir pasablemente en español: Juan Rulfo, Jorge Luis Borges y García Márquez.»

-Augusto Monterroso

Ficha



Título: Ojos de perro azul    Autor: Gabriel García Márquez    Primera publicación: 1974      Edición: 4ta.     Editorial: Penguin Random House   Sello: DeBols!llo     Puntuación: 5/5    Páginas: 182       Género: Contemporáneo, Cuento      ISBN: 978-84-9759-237-6     Precio: 8.70 Dlls

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descarga (9)Estos relatos tempranos de Gabriel García Márquez fueron escritos y publicados entre 1947 y 1955, aunque, como libro, Ojos de perro azul no aparecería hasta 1974 cuando el escritor ya había publicado otros dos libros de relatos y cuatro novelas. Aquí se incluye su primer cuento célebre, el «Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo». Este relato, incluido en todas las antologías del cuento latinoamericano de nuestros días, fue la primera piedra de ese gigantesco edificio, tan imaginario como real, que terminaría fundando el espacio literario más poderoso de las letras universales de nuestro tiempo: Macondo.

Segundo título que adquiero de los cuentos de GGM, esta ocasión de los más tempranos que van del período entre 1947-1955, algunos de estos cuentos participaron en concursos y dieron al autor cierta popularidad.

Relatos incluidos:

  1. La tercera resignación
  2. Eva está dentro de su gato
  3. Tubal-Caín forja una estrella
  4. La otra costilla de la muerte
  5. Diálogo del espejo
  6. amargura para tres sonámbulos
  7. De cómo Natanael hace una visita
  8. Ojos de perro azul
  9. La mujer que llegaba a las 6
  10. La noche de los alcaravanes
  11. Alguien desordena estas rosas
  12. Nabo, el negro que hizó esperar a los ángeles
  13. Un hombre viene bajo la lluvia
  14. Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo (Aquí te lo cuento)

Aquí nos encontramos con 14 cuentos donde podemos apreciar el cambio en el estilo del autor, que va desde lo metafísico y sobrenatural a una narración un tanto más realista y termina con unas pinceladas de realismo mágico. Los personajes de sus cuentos siguen líneas similares, partiendo en muchas ocasiones de razonamientos existencialistas y apoyándose en el monólogo interior (utilizado muy a menudo) dota a sus relatos de infinita humanidad. Durante los primeros cuentos como: La tercera resignación (1947) y Eva está dentro de su gato (1947) se nos sitúa en un mundo metafísico horripilante, la sensación de claustrofobia y horror es apremiante, la atmósfera puede decirse está llena de sombras y fantasmas.

Ya para la mitad del libro los relatos se nos presentan más reales, con situaciones cotidianas que van desde reflexiones sobre los emboladores hasta sonámbulos, asesinatos, sueños y fantasmas.

Rescato varios relatos por no mencionar todos como: Ojos de perro azul que da título al libro y que es uno de los mejores ya que la trama va sobre dos personas que siempre se encuentran en sueños, uno lo recuerda todo al despertar y el otro no, una idea de lo más interesante sobre el amor y la atracción que puede cohabitar incluso en mundos paralelos y en este caso onírico.

En el caso del realismo mágico, es muy conocido que es un género que puede llegar a ser complicado (por realizar una ficción creíble) y GGM nos demuestra que el cuento era de sus fuertes y que el realismo mágico también.

Los invito a leer este libro, es quizá de los menos conocidos del autor, pero con joyas que bien valen la pena.

Lee aquí las reseñas que he escrito de GGM

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El peatón, Jaime Sabines



Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta.

Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta!

Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?

¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón.

¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón.

Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.



Carta de Fernando del Paso a Juan Rulfo

Juan Rulfo es probablemente de los autores más consagrados del país, con solo dos libros escritos consiguió expresar la voz del pueblo, la narrativa de las clases trabajadoras y del más bajo escalón social, en sus historias transmitió de una forma majestuosa la esencia de la nacionalidad, la injusticia, las costumbres y tradiciones de todo un país con alto predominio de comunidad rural. Este fragmento lo he tomado de la revista Letras libres.

 8 de enero de 1986, Fernando del Paso, que en ese entonces trabajaba en Radio Francia Internacional, se enteró de la muerte de Juan Rulfo. “Era cerca de la una de la mañana, la hora de recolectar los cables para elaborar el primer noticiero de la noche que debería transmitirse por onda corta a todo el continente latinoamericano. Yo era el periodista y locutor en turno de esa noche. Anuncié, si no al planeta entero, sí al mundo de habla hispana el fallecimiento del escritor mexicano Juan Rulfo.”

Aun cuando sabía que tanto él como Rulfo padecían “una especie de alergia a la correspondencia”, Del Paso lamentó no haber escrito esa carta a su amigo. Acaso impulsado por ese arrepentimiento, en los días siguientes, grabó un programa de radio que tituló “Carta a Juan Rulfo” –donde alternaba sus palabras con la voz de Rulfo, tomada de un disco de la serie Voz viva de México–. “En ese programa, yo le contaba todo lo que había pasado en todos esos años, le preguntaba cómo estaban su esposa Clara y sus hijos, y le pedía que me disculpara por mi largo silencio.”



Carta a Juan Rulfo:

¿A que no sabes con qué me salieron el otro día, Juan? Ni te imaginas. No sabes las cosas que dice la gente cuando no tiene nada que decir. Pues fíjate que andaba yo por París, porque te dije que venía a París, ¿no es cierto? Bueno, te lo estoy diciendo. Andaba yo por aquí. No te diré que muy quitado de la pena porque ahorita tengo varios problemas que no viene al caso contar, cuando de sopetón, así, de sopetón, me dicen que nos habías dejado: que te habías ido.

Mira, tengo que confesarte que cuando me lo dijeron estaba tan hundido en mis preocupaciones, como te decía, que casi no me di cuenta cabal de lo que me estaban contando. Y después, fíjate lo que son las cosas, esa misma noche, yo di la noticia por la radio. Yo, imagínate, Juan, diciéndoles a todos lo que yo mismo no había entendido. Porque lo que me dijeron no fue que se había ido el escritor Juan Rulfo, no; lo que me dijeron fue que se me había ido un amigo. Y yo no lo supe sino poco a poquito, poco a poquito y de repente también, sí, de repente, cuando escuché tu voz, cuando puse el disco de Voz viva de México de la Universidad donde leíste “Luvina” y “¡Diles que no me maten!”. Y esa voz me caló muy hondo. Porque esa voz, esa voz, yo la conozco muy bien.

Perdóname, Juan, perdóname si no te escribí nunca, pero como me habían dicho que tú jamás contestabas una carta, pues yo dije: Entonces para qué le escribo. Y ahora me arrepiento; me arrepiento, Juan. Ahora quisiera que tú hubieras tenido varias cartas mías aunque yo no tuviera ninguna tuya. En serio. Me arrepiento porque yo tuve la culpa. Yo fui el que me fui de México, ¿no? Y no te escribí. Me duele porque no se pueden pasar tantos años, creo que dieciséis desde que salí, sin escribirles a los amigos, ¿no es cierto? No es cuestión nada más de decir, como fray Luis, “como decíamos ayer”, porque no, no fue ayer, sino hace muchos años cuando nos reuníamos una y hasta dos veces por semana, ¿te acuerdas?, en el café del sanatorio Dalinde. Allí se nos iban las horas. ¡Qué las horas! Ahí nos pasábamos años y felices días platicando y fumando como chacuacos. Quien nos hubiera visto, a veces tan serios, habría pensado que nomás hablábamos de literatura. Y sí, claro, platicábamos de Knut Hamsun y de Faulkner y de Camus y de Melville, todo revuelto. De Conrad, de Thomas Wolfe, de André Gide. Nunca conocí a nadie que hubiera leído tantas novelas. ¿A qué horas las leías, Juan? Se me hace que a veces hacías trampa. Pero también te decía, ¿te acuerdas?, nos dedicábamos al chisme como dos comadres, ni más ni menos.

Y a veces, de pronto, tú te ponías a hacer literatura sin darte cuenta. Te ponías a contarme historias que yo no sabía si eran ciertas o eran puras invenciones, o si se iban volviendo ciertas cuando las estabas inventando. Me acuerdo muy bien, Juan, muy bien, como si te estuviera oyendo.  



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